Es el infierno, no el paraíso
Y se llama Gurugú.
Melilla está en África,
tiene una valla.
¿Nadie es africano en Melilla?
Ningún africano puede entrar en Melilla,
ningún africano puede entrar en África.
Ni Erica, de la República del Chad
Ni Mohammed ni Moussa, de Malí
Ni Micael, de Camerún,
tampoco los de Gambia.
Decir subsaharianos es una alegoría
de los africanos que no pueden entrar en África.
“Los africanos éramos llevados a Europa como esclavos,
a la fuerza,
ahora nos ponen vallas”, dice Mohammed.
Esto es Marruecos,
los inmigrantes,
esperan el momento de llegar a Melilla.
Las barreras, los muros, las vallas
dividen
separan a los países countries de las villas miseria,
de la callampas,
de las favelas,
de las chabolas.
Le dicen valla,
Mohammed sabe
de qué se trata.
Hay una primera valla, de siete metros,
luego una sirga tridimensional
armada con cuchillas que hieren,
que destruyen
y una segunda valla de cinco metros
y luego otra de seis
y luego
los alambres de púa
y la guardia civil.
Los blancos no quieren que los negros entren,
como las sirvientas en el Nordelta.
¿Es irregular un africano en África?
La valla es un lugar oscuro.
España paga
para que los negros no entren en Melilla.
¡Que alguien contenga a los migrantes!
¡A los muertos de hambre!
Hay vallas, muros, barreras
en EEUU,
en Israel,
en Melilla.
La zanja de Alsina fue una construcción temeraria,
una metáfora del ingenio argentino.
Sarna,
heridas,
en las piernas,
en los brazos.
Ojos perdidos por las balas de goma,
parapléjicos,
maxilares destrozados,
la valla es un arma silenciosa.
Dice Mohammed:
“caminamos cinco meses para llegar a Melilla”,
un viaje sin retorno.
“Si no veo Melilla no puedo dormir” repite Mohammed.
“Tuvimos mala suerte,
nacimos de este lado de la valla”.
Un año para llegar del Chad a la frontera
Jordi, a Melilla, le dice Europa,
pero es África.
“Nos rompen las manos, los pies para que no podamos cruzar”.
“Trepar la valla, salvarnos”.
Duermen en carpas de plástico y comen patatas y cebollas.
Nadie le pregunta el nombre a los negros,
son solo negros.
La mujer se murió en el camino a Marruecos,
el desierto no es para mujeres embarazadas.
“No duermo pensando en saltar esa valla”.
“Con dinero puedo entrar en Melilla”.
“Quiero ser futbolista”.
Tienen los ojos negros, las manos negras, son negros,
tienen los labios gruesos.
400 intentan saltar la valla,
es el amanecer,
se confunde el adentro y el afuera.
“Bosa” quiere decir victoria, en idioma fula
y todos gritan “¡bosa!, ¡bosa!, ¡bosa!”.
Desde este lado de la valla un negro llora,
gime,
maldice,
tiene una tristeza de cebolla,
es un perdedor.
Los negros no gritan victoria, gritan odio.
En el fondo de la valla se ve Melilla,
estar entre vallas es no estar,
ni adentro ni afuera.
Golpean en las piernas
rompen las piernas
para que no puedan
con bastones las rompen,
tibias y peronés.
Y el periodista se pregunta que qué buscan esta gente.
No hay mujeres entre los migrantes.
La ayuda de Europa es para comprar armas,
África es un buen mercado,
“yo te doy para que me compres a mí”.
“yo te doy y tú me compras”,
“a mí”.
África tiene coltán.
tener coltán supone
cinco millones de muertos.
Mac, Samsung necesitan coltán,
pero no pagan,
el desorden es un buen negocio.
Compran tierras
para garantizarse las materias primas.
¿Y?
¿Qué hacemos con Benetton?
Pero todos hablan de Venezuela.
Pero todos hablan de Venezuela.
Pero todos hablan de Venezuela.
Pero todos hablan de Venezuela.
Hay negros que tienen la mente blanca.
Y el guardia civil
se pregunta
“A ver estos,
¿qué quieren?”.
2019-01-26
(*) Basado en el reportaje que Jordi Évole le hace a migrantes subsaharianos en “Salvados, el otro lado de la valla”, un documental de Netflix..
|